O también conocido como "el enemigo jodidamente poderoso", la deidad es un concepto, no un villano en concreto: La deidad es Sephiroth, es el Doctor Manhattan, el dragón de Tyr o cualquier otro personaje tan poderoso que alcanza a tener casi el poder de un dios. Nótese que hablamos de casi, y no nos estamos refiriendo a introducir deidades propiamente dichas (tales como Chtulhu) en nuestras mesas de juego, algo a lo que los jugadores difícilmente podrían enfrentarse.
Ejemplos como el del Dr. Manhattan no son de villanos, pero nos vienen igual de bien para utilizarlos en nuestras partidas porque, cuando alguien alcanza una cantidad de poder extenuante empieza a perder la medida de la proporción de las cosas, la perspectiva humana que tiene la gente a su alrededor y... y entonces es cuando llegan las catástrofes. Los clásicos "Os voy a proteger de vosotros mismos" o "Cuidaré de vosotros aunque no queráis, porque yo sí sé lo que os conviene, no vosotros" tan propios de enemigos de cine y literatura.
Hay varias cosas que hay que tener en cuenta para introducir este tipo de villanos en vuestras aventuras, y es que no es tan sencillo como decir "hale, aquí está, perseguidle y luchad contra él". Veamos:

